Poner precio es una de las decisiones más difíciles — y más importantes — para quien vive de su propio arte. Cobrar poco te agota; cobrar sin criterio aleja a la clienta. Aquí tienes un camino simple para llegar a un precio justo y sostenible.

1. Empieza por tus costos reales

Suma todo lo que sale de tu bolsillo para entregar un servicio:

  • Materiales por atención (esmalte, gel, descartables).
  • Costos fijos prorrateados (alquiler de la cabina, luz, internet, herramientas).
  • Comisiones de tarjeta y de plataformas.

Sin ese número, cualquier precio es una adivinanza.

2. Valora tu tiempo

Define cuánto quieres ganar por hora — no por servicio. Un esculpido que toma 2h debe pagar 2h de tu tiempo, no "un valor de tabla". Multiplica la hora deseada por el tiempo medio de cada servicio y súmalo a los costos.

Precio mínimo = costos del servicio + (valor de tu hora × horas usadas)

3. Deja de competir solo por precio

Cuando compites por ser "la más barata", atraes a la clienta que se cambia por $1 de diferencia. La autoridad viene de experiencia y resultado: puntualidad, durabilidad del trabajo, una atención que acoge. Eso justifica un precio mayor — y fideliza.

4. Ajusta sin culpa

Subir el precio da miedo, pero posponer es más caro. Avisa con anticipación, valora lo que cambió (más técnica, mejores productos) y ajusta primero con clientas nuevas. Quien valora tu trabajo se queda.

5. Sigue los números

Solo sabes si el precio funciona mirando la facturación y el ticket promedio con el tiempo. Registrar cada atención — y ver el reporte a fin de mes — convierte la "corazonada" en decisión. Para eso existe AUREN: agenda, pagos y reportes en un solo lugar, para que pongas precio con datos, no con miedo.